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El encuentro entre las artes y el mundo del deporte

Harold “Doc” Edgerton: Estudio Estroboscópico de Hombre Golpeando Pelota de Tenis (1949). Copia a la gelatina plata, 19.3 x 22.2 cm. Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
¿Alguna vez nos hemos preguntado cómo integra nuestro cerebro la percepción del movimiento? ¿Cuántos cuadros fijos registra el ojo humano durante el segundo y medio que dura el golpe de la raqueta a la pelota?
Cada uno de nuestros ojos percibe un ángulo ligeramente diferente, generan- do una disparidad retinal. Esto sería un grave problema si no contáramos con la facultad de la visión estereoscópica, que sintetiza dos imágenes retínales diferentes en una imagen tridimensional, lo que desemboca en una po- tente sensación de profundidad.
Edgerton capturó sus fotografías en la era analógica, mediante una cámara modificada para disparar a velocidades inéditas.

Antes de la tecnología estroboscópica desarrollada por Doc Edgerton, era impensable un análisis fotográfico de éste y otros problemas asociados con la percepción del movimiento. Gracias al estrobo, es posible formular ilusiones ópticas que permiten visualizar imágenes que ocurren demasiado rápido para que el ojo humano pueda discernirlas. Edgerton capturó sus fotografías en la era analógica, mediante una cámara modificada para disparar a velocidades inéditas (diez microsegundos, para ser exactos) e iluminándolas con el estrobo, un flash eléctrico de su propia invención.

Así como la línea está formada por una sucesión de puntos, lo que percibimos como movimiento es una sucesión de imágenes fijas integradas en la corteza estraestriada, algo así como el Departamento de Cinematografía del cerebro humano.

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Visto lo visto, ¿existe algo más estimulante que la complicidad entre la ciencia, el arte y el deporte?