Revista Sporting

Entre Clío y Niké

Septiembre Negro (1 de 2)

Salvador Soto Sánchez 

Licenciado en Historia 

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La Segunda Guerra Mundial es un episodio histórico que trasciende los años por la magnitud de sus alcances y las consecuencias que tuvo. Es la raíz de uno de los episodios más dramáticos que se han vivido con el deporte como telón de fondo, la Masacre de Múnich.

La región que comprende Palestina, Libia, Siria, Líbano e Israel ha sido, en los últimos 75 años, fuente de innumerables desencuentros políticos que han desencadenado crisis en varias partes del mundo. Para este caso, el escenario fue Europa Occidental, una zona que se levantaba de las cenizas provocadas precisamente por esa guerra y que buscaba mostrar al mundo sus alcances. En 1972 la capital de Baviera se preparaba para recibir los 20º Juegos Olímpicos: Alemania estaba ante la gran oportunidad de resarcir la imagen que habían dejado los Juegos de Berlín en 1936, que sirvieron como parte de la propaganda del Nacionalsocialismo y que tampoco estuvieron exentos de polémica, basta recordar los desaires de Adolf Hitler a Jessy Owens en la ceremonia de premiación (aunque después el propio atleta estadounidense mencionó que si fue saludado por el líder del Tercer Reich). 

En 1947 se crea -como parte de una estrategia de la Organización de las Naciones Unidas- el Estado de Israel con territorios que antes pertenecieron a países árabes. Y un conflicto que históricamente había sido religioso, se torna en una confrontación con tintes políticos.

La olimpiada comenzó el 26 de agosto y terminó el 11 de septiembre de 1972. Participaron 7134 atletas de 121 países. Parecía que una nueva era de hermandad deportiva se gestaba en medio de la Guerra Fría: en dos años más, ese mismo país recibiría la 10ª Copa del Mundo de Futbol, lo que posicionaba a Alemania Occidental en el centro del mapa deportivo, pero no contaban con la irrupción del grupo armado Septiembre Negro, una célula armada de la Organización para la Liberación Palestina.

Se cuenta que la seguridad no era el principal fuerte de esos Juegos Olímpicos: los atletas podían entrar y salir a placer de la Villa, lo que permitió que los palestinos tuvieran un relativo éxito en la ejecución de su plan. Además, los atletas israelíes y los norteamericanos eran los que aprovechaban más el poder salir y disfrutar la vida nocturna de Múnich. De hecho, una de las versiones más aceptadas es que Septiembre Negro se hicieron pasar por atletas, cargando en sus maletas armas y siendo ayudados por deportistas que regresaban de las escapadas nocturnas. La madrugada del 5 de septiembre, los palestinos ingresaron a las instalaciones deportivas e inmediatamente buscaron cumplir con su objetivo: secuestrar integrantes de la delegación israelí para hacer cumplir un pliego petitorio que incluía la liberación de más de 200 presos árabes que estaban en Israel y otros que estaban encarcelados, precisamente, en la República Federal Alemana.

Lo que vendría después es una de las grandes tragedias en el deporte contemporáneo: once deportistas y cinco miembros del comando armado fueron asesinados, y la seguridad en el deporte dio un giro de 180°. En la siguiente entrega te contaré como termina la Masacre de Múnich.