Revista Sporting

Entrevista a NUBIA GARCIA

Abril García 

Master en Administración Deportiva 

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 E-mail: abrilgar@gmail.com

Bienvenidos a la tercera y última parte de la entrevista que tuve el honor de realizar a una persona que admiro y que es un ejemplo en el deporte mexicano: Nubia García. En las pasadas entregas hablamos de su carrera como jugadora y entrenadora, pero me reservé lo mejor para el final.

En su tercer año, Wolverines jugaba la semifinal contra Gardiner. Estábamos en las gradas y todos vestidos de rojo; enfrente la porra rival, de azul con dorado, gimnasio lleno, bandas de música tocando alternadamente de un equipo y otro, y Wolverines confiadas en pasar a la final. Las estadísticas estaban a su favor, y esa misma confianza se sentía en las gradas. Sin embargo, no todo estaba a favor: el otro equipo no tenía nada que perder y se reflejó en el partido. Todo el juego estuvo a favor de las escarlatas, aunque llegaron al final con una pequeña desventaja y una cara de incredulidad de las jugadoras, ya que no había resultado un partido fácil. Lo más emocionante fue que, faltando 57 segundos del último periodo, estaban 7 puntos abajo: así como lo leen, a 8 puntos de la victoria, sumado a la frustración de jugadoras que sólo cometían faltas en contra y una presión en toda la cancha que no podían romper. La porra de Gardiner no dejaba de apoyar a su equipo, la entrenadora comenzaba a festejar y las jugadoras estaban en su mejor momento. Del lado rojo, una porra que no creíamos lo que pasaba; se comenzaban a escuchar comentarios derrotistas; podías ver a lo lejos una entrenadora que no creía lo que veía y pensaba como resolverlo; tiempos fuera que no funcionaban, gritos y aplausos de aliento a sus jugadoras que no resultaban y sólo volteaba a ver el reloj y como se le escapaba su sueño con cada segundo que corría. 

Tiempo fuera pedido por Nubia: hizo ajustes técnico-tácticos -dejando de lado la motivación- y se enfocó en lo que necesitaban, que era la posesión del balón y encestar. Mandó a sus jugadoras a tirar de 3 puntos sin darle la responsabilidad a nadie en especial, y fue así como remontaron: una canasta de 3 puntos a cargo de la mexicana Danna Ochoa, que hizo vibrar no solo a sus compañeras, sino a toda la afición poniendo el marcador a 45 a 41. Presionando toda la cancha con el objetivo de robar el balón -a cualquier precio- haciendo faltas al equipo contrario y provocando, así, que fuera a la línea. ¿Pueden imaginar la euforia de la gente que apoyaba a las Wolverines? Para volverse locos, pero fue parte fundamental ya que provocó nervios en cada tiro libre. La estrategia resulta, sin embargo, los nervios de las rojas estaban a tono y se pierde el balón, lo que da la oportunidad a las rivales de hacer rompimiento. No contaban con la buena defensa y se logra una falta ofensiva que ayudó a subir los ánimos de las jugadoras y recuperar el balón. Con 37 segundos en el reloj y 5 puntos abajo, la entrenadora de Gardiner pide el tiempo fuera para ajustar su presión toda la cancha: no le funciona, ya que las Wolverines encestan nuevamente una canasta de 3 puntos a cargo de Rebekah Everest y ponen el marcador 46 a 44, faltando 16 segundos y sin tiempos fuera, pero con la mentalidad de ganar el balón a cualquier costo y anotar puntos. Presionan al primer pase provocando recuperar el balón, logrando falta a favor y tiros libres que hace efectivos Rebekah Everest logrando empatar 46 a 46 a falta de 10 segundos. La coach Nubia Allen comienza a gritar white white,qué significa no faul por ningún motivo. Presionan y logran irse a tiempo extra. En las gradas no podíamos creer semejante retorno, y cómo es que Nubia había logrado que sus jugadoras se enfocaran, se mentalizaran y, sobre todo, que siguieran sus instrucciones al pie de la letra: sin hacer caso a sus emociones y demostrando cabeza fría para lograr el objetivo. Particularmente, me llama la atención esa parte de mi hermana: crecí escuchando, en momentos difíciles, un tú puedes, vamos muchachas son mejores, échale ganas y frases similares, pero nunca había conocido a nadie que dejara a un lado totalmente las emociones y fuera fría en necesidades inmediatas. Si se preguntaban por el marcador final, fue de 55 a 49 a favor de las Wolverines.

La final no fue menos emotiva: contra el mejor equipo de la temporada regular, que tenía 7 jugadoras arriba de 1.80 metros, atléticas y jugando de local, con su porra completa y la ventaja que da ser anfitriones y, por si eso fuera poco, las Wolverines habían perdido los dos juegos de ronda regular contra ellas. Parecía estar todo en contra de las dirigidas por Nubia Allen. El juego fue emocionante de principio a fin; las visitantes desde el inicio marcaron el ritmo: no tenían nada que perder y fue un partido donde la moneda siempre estuvo en el aire. Por un momento, parecía favorecer al equipo de casa, con encestes de 3 puntos uno tras otro, pero las Wolverines no dejaron de atacar y ser constantes en sus tiros. Ante esto, nada pudieron hacer las de casa, con el gimnasio lleno a su favor y todas las facilidades para ganar contra un equipo que nunca dejo de luchar ni perdió de vista su objetivo: ser parte de la historia, no solo de preparatoria, sino de una población entera. La euforia de la porra, de los padres, de los fans, de los alumnos, de los directivos al finalizar el encuentro y sabiéndose campeonas no se hizo esperar gritando en una sola voz “Nubia, Nubia, Nubia”. Al recordarlo para ustedes se me eriza la piel. Toda la gente dejó de lado a las jugadoras, el campeonato y se enfocaron en la entrenadora, quien, de ser verdugo ahora era su heroína y a quien le debían tanta satisfacción, un histórico campeonato de distrito y más responsabilidad para la próxima temporada.

Quise compartir esta historia porque creo que sobresalir en un país donde todo mundo sueña jugar o dirigir no es fácil, siendo mexicana y ganarse el respeto total de dos ciudades y de todo un estado es algo digno de admirar y aplaudir. Además, lograr que dos de sus jugadoras puedan seguir con su sueño y jugar basquetbol colegial con una beca deportiva, es una satisfacción que, como entrenador, no tiene precio. Una de ellas es mexicana y originaria de Ciudad Juárez.

Deseo que esta columna haya sido de su agrado y espero sus comentarios: sí conocen a alguna persona que crean que vale la pena que México sepa su historia con gusto la escucharé. Gracias por leerme.