Juegos Olimpicos: la otra cara de la moneda

El pasado martes 24 de marzo, el Comité Olímpico Internacional decidió de manera consciente, en conjunto con el gobierno japonés, la suspensión de los Juegos Olímpicos 2020, los cuales tenían como sede la ciudad de Tokio del 22 de julio al 9 de agosto. Este movimiento o cambio deportivo se suma a los distintos eventos que han decidido de forma responsable aplazar o ver opciones viables que no perjudiquen la salud de deportistas y aficionados interesados en todo lo que el deporte mueve en relación a pasiones y emociones.

Aprovechando la situación me pongo a reflexionar sobre la realidad distorsionada sobre la finalidad de los Juegos Olímpicos, ya que, si nos remontamos a la ciudad de Olimpia, pasando por la reanudación de los mismos a inicios del siglo XX cuando se tuvo la idea de crear este evento de impacto mundial en tiempos modernos, los objetivos eran completamente diferentes a los que hoy los involucrados y encargados pudieran considerar de manera transparente y consciente. Si damos un repaso a la historia y nos establecemos en los años 800 A.C, este evento que hoy se considera el más importante a nivel deportivo del mundo, tenía unos fines poco creíbles para las personas de hoy en día. Los griegos tenían un cumulo de finalidades supuestas más que afirmativas que iban desde la manifestación de culto a los dioses griegos, hasta el crecimiento o desarrollo de amistades, integración de pueblos y beneficio del propio cuerpo. Agreguemos a esto que en esos tiempos solo se podían participar los hombres y en reducido número de deportes.

Asentándonos un poco más a nuestros tiempos, el Barón Pierre de Coubertin, fundador del COI, tuvo la iniciativa de poder resurgir los antecedentes de la antigua Grecia en el año 1896 de una manera más global e integral. Fue entonces que los Juegos Olímpicos modernos dieron testimonio al mundo del poder unificador del deporte. Quiero agregar a esto que el enfoque central del pedagogo francés no era la aglomeración y prestigio de la idea del evento masivo, sino que tenía un enfoque, como lo comenté anteriormente, integral. La visión formativa de Pierre de Coubertin era la de educar a través del deporte a todos los jóvenes del mundo. La paz, la democracia, el entendimiento internacional (la convivencia) y la excelencia humana tenían que ir de la mano con la celebración de una herramienta tan poderosa como lo es el deporte, dejando de lado otros intereses que hoy en día son los que premian por sobre la búsqueda de la auto-superación personal. Así mismo, el Barón daba una gran importancia no solamente a lo comercialmente visto (la actividad física), sino que este evento procuraba resaltar la belleza y la nobleza de las personas. La búsqueda de estos aspectos generaba esa integridad mencionaba que era (¿o es?) la finalidad de los Juegos Olímpicos.

Hoy en día con Thomas Bach a la cabeza, el Comité Olímpico Internacional ha tenido que ceder ante la presión del mundo entero para poder aplazar el evento deportivo más esperado del año. Poniendo un poco de empatía y coherencia, ¿por qué tanto problema al pensar en la suspensión? Si bien “no es un partido de fútbol” como mencionaba, ¿a que apuntan los Juegos Olímpicos actuales? La necesidad de paz, de entendimiento y de unión (valores iniciales de esta junta) son los que están permeando hoy en día en todos los países por encima de un sistema económico inevitablemente vulnerado y que será perjudicado en gran escala. Una cita mencionada en un documento sobre la perspectiva cristiana del deporte y la persona humana especificaba que el deporte en si puede servir para muchos propósitos que son éticamente aceptables e incluso verdaderamente humanos. Es esta misma línea la que se deben de seguir desde las acciones y principios olímpicos y no únicamente desde las acciones individuales de deportistas influyentes en la actualidad. Yo me pregunto, ¿seguirán presentes los valores y el patrimonio olímpico en los movimientos del COI de cara a una formación integral? ¿perdura la visión formativa de Pierre de Coubertin? ¿Qué hace falta para concientizar a la cabeza de todos los organismos deportivos sobre la primordial esencia de valer la humanidad antes que lo lucrativo y beneficioso material-económico? Si bien es complicado ante la actual situación tomar decisiones en relación al “que pasará” y consecuencias de lo mismo, si es buen momento de reflexionar la línea moral y ética propia que nos da el deporte de cara al futuro para replantear eventos y en particular Juegos Olímpicos de la mano del alto valor humano. Como bien decía una vez el fundador francés: “El olimpismo propone crear un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto a los principios éticos fundamentales universales”. El deporte, como mencionaba en un artículo pasado, tiene su repercusión mundial en la deportividad y esta misma va más allá de la actividad deportiva, sino que trasciende, cambia vidas, es generosa y ejemplar y busca la unificación de familias y naciones.

 


 

Editor Colaborador

Lic.Luis Enrique Rejas Sangüesa