MARATÓN DE BERLÍN 2017

diciembre 11, 2017
Por: Fernando Saavedra de León
Maratón de Berlín Fernando Saavedra de León


Después de un viaje bastante pesado, estaba en el lugar donde me visualicé desde el primer instante en que pasó por mi mente correr un maratón, Berlín, es el referente número uno cuando se habla de maratones, ya que es donde se rompen las marcas, se logran récords del mundo y en pocas palabras están los mejores.

Berlín es un lugar mágico, lleno de una carga energética difícil de describir, tal vez por su historia o por su intención de olvidar, en resumen es el lugar perfecto para dejarse llevar.

Después de no haber dormido durante varios días por el jet lag y la emoción de estar a punto de cumplir un sueño, una copa de vino una noche antes ayudó a relajarse para dormir. A las 6 am desperté, mi estómago necesitaba algo de comida, así que bajé al lobby del hotel, el desayuno estaba demasiado caro así que decidí subir y comer una barrita que días previos me habían mandado de la Cd de Méx. Ese fue el desayuno.

Posterior a ello, hice mi ritual de cada carrera: baño, agua, vestirse, baño, agua, intentar relajarse, baño. Así, ya listo. Salí del hotel con rumbo hacia los corrales de salida, una organización que me desorientó un poco y que me hizo iniciar el recorrido de los corrales de atrás hacia adelante, una buena manera de calentar y a la vez un tanto estresante, pues cada vez era más la gente que estaba ya en sus corrales de salida.

Fernando Saavedra de León

Los últimos 10 kms solo tenía en mi mente cuánta gente estaba pendiente y creían en mí, a cuántos no quería decepcionar.

Al llegar a mi corral de salida, aún no entraban pues estaban ocupados por los competidores de sillas sobre ruedas, diez minutos antes de la salida, nos dieron acceso después de estar parado 5 min, la gente comienza a tirar sus chamarras, es hora de quitarme la playera que llevaba encima.

Presentan a los tres favoritos de cada rama y el video oficial con la ruta. Se siente una emoción que hace lagrimar hasta a el más duro. Es que estar ahí, entre más de 42 mil almas de todos los países, es suficiente para tirarse en llanto de felicidad.

Dan el disparo de salida, intento correr y no puedo, pasan 20 segundos hasta que atravieso el arco de salida, no puedo creer la cantidad de gente que ya está adelantada ante mi. El recorriendo comienza entre calles llenas de charcos, gente que se ocupa más de mantener su sombrilla para no mojarse que en aplaudir, solo veo miradas y me percato de que no es como otros maratones, no gritan, no aplauden, solo observan.

La carrera transcurre mejor de lo esperado, hasta que inicia la lluvia, dura 3 de mis kilómetros. Después continuó y sin novedad, sigo por debajo de lo planeado. Los charcos cada vez son más y observar tu camino y elegir bien qué lado de la calle pisar para que no se resbalen los tenis, hacen más difícil observar el entorno.

A pesar de lo difícil del clima y las condiciones de la superficie, el desarrollo de mi maratón va mejor de lo planeado, solo puedo pensar en lo increíble que va a ser llegar a la meta. En el km 27 comienza otra lluvia, esta vez el agua y el clima son más fríos, inicia una molestia que me genera desconfianza pero me mantengo en el ritmo.

En el km 32 comienzo a sentir un nudo en la pantorrilla, intento no pensar en ello. Siento que el nudo cada vez es más grande y pronto va a imposibilitarme continuar, así que modifico la técnica de carrera, la contractura sube hasta el femoral. Es hora de hacerle caso al cuerpo.

Entre frustración, por sentirme entero pero con una pierna que no me dejaba continuar el paso y la enorme felicidad de estar cumpliendo un sueño, hace que a cada km me aferre a llegar a la meta bajándole al ritmo conforme me iba exigiendo la pierna y aumentando el goce conforme me iba acercando a la meta.

Los primeros 32 kms pasó por mi mente todo lo que había trabajado por llegar hasta ahí… Los últimos 10 kms solo tenía en mi mente cuánta gente estaba pendiente y creían en mí, a cuántos no quería decepcionar… y lloré, lloré de emoción, como estoy seguro que cada persona que desafía sus límites por cumplir un sueño lo hace. Ya no era mi sueño, ya era algo que compartía con todos. Con mi gente, con mis colores y con mis país. Así, llegué a la meta… entero, con una pierna contracturada, pero con la bandera en mi corazón. Pensando, en que la próxima será mi revancha.

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