No hay tierra batida ni hierbabuena: el tenis en estado de alerta

No es de extrañar que ante la eventual expansión de la epidemia los eventos deportivos tuvieran que poner un alto al desarrollo de sus actividades por el bienestar de los deportistas y espectadores al ser ocasiones de aglomeración, en muchos casos, desenfrenada por la pasión.

El pasado doce de marzo, tras el antecedente del Masters de Indian Wells prudente y coherente, la ATP decidió suspender todo torneo existente por las próximas 6 semanas. Una semana después, la WTA se unió al acontecimiento mundial y decidió parar hasta el siete de junio como mínimo. Llegando inicios de abril y para quitar de dudas, ambas asociaciones decidieron suspender, hasta el trece de julio, todos sus torneos. Por lo mismo de esta suspensión y sin excluir a los torneos afectados, pero si subrayando lo más fuerte que existe, Wimbledon se tuvo que ver en la obligación de cancelar su fiesta de blanco por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial por el año 1940. Por otro lado, el torneo parisino, Roland Garros, dio un golpe de egoísmo (a percepción personal) y decidió no cancelar su torneo sino aplazarlo a un par de semanas después del Abierto de Estados Unidos por sobre encima de tornes aún en pie y sin cancelar.

Independientemente de poder entrar en el debate de si el segundo Grand Slam del año hizo lo correcto, fue “inteligente” en su jugada al cambiarse de fecha o bien fue un acto interesadamente en su subsistencia arriesgada (nadie garantiza que los jugadores confirmen presencia), la realidad es que los torneos tanto de arcilla y césped han sido borrados por un virus (aunque al igual que Roland Garros, torneos como el Masters de Roma buscarán la ocasión futura en el presente año para organizarse) y no se jugarán, hasta el momento, lo que resta del año.

Partimos de estas dos giras del año para centrar el foco de que tan impactante será, económicamente hablando, la suspensión de estas citas en cada rincón del mundo y de los futuros eventos que pudieran cancelarse. No todos los torneos tienen una póliza anti-pandemias como la obtuvo Wimbledon hace 17 años para eventualidades como esta, asegurándole un ingreso de cien millones de dólares ante su cancelación. El lado opuesto de la moneda existe y da pie a la posible desaparición de eventos de peso, como lo es el Masters de Canadá cuya relación con la Federación Canadiense de Tenis es tan estrecha que el 94 % de los ingresos del evento sirven para ayudar a subsistir el tenis en el país del norte americano.

Los torneos desde los Slams hasta los ATP Challengers son la mantención, el ingreso y el punto sobreviviente de todos los jugadores del circuito (salvo el Big Three). Si bien en lo que va del año competitivo (enero a marzo) 1859 jugadores han podido percibir dinero en premios, ¿qué garantiza que con lo ganado puedan vivir? Los datos arrojan que el promedio mínimo de uno de estos jugadores ha podido ser de 1000 dólares ingresados y un máximo de 100 000 (hasta el top 100). A esto hay que añadirle el pago de gastos de viaje, staff de entrenamiento, familia y alimentos, ¿en verdad se podrá sobrevivir monetariamente hablando ante esta contingencia? Hace unos días los jugadores de la ATP desde Djokovic (número 1) a Caruso (número 100) han manifestado la intención de ayudar a aquellos jugadores en rankings más bajos, llegando a brindar una cantidad de casi un millón de dólares repartido entre los puestos 250 a 700. De estos montos, el Big Three donará por cabeza un total de 30 mil dólares (90 total) y en secuencia decreciente en relación a los de menor ranking en el top 100.

Si bien la supervivencia para muchos apasionados y profesionales del deporte blanco esta en riesgo, habría que pensar en la forma más realista y certera posible sobre lo que viene en adelante. Es un misterioso, incierto y complicado final de temporada lo que aguarda para todos los tenistas, no obstante, sin duda la ATP y la WTA tendrán que levantar la voz en las próximas semanas para aclarar la duda más grande de todas: ¿habrá más tenis este año? Para muchos ha sido más fácil responder si tendremos Roger Federer para el 2021 y él mismo, con su clásica alegría, ha confirmado su participación en Halle y Wimbledon, así como en Tokio 2021 a la casi edad de 40 años. Si “Su Majestad” ha podido dar garantías a algo que se considera mucho más complicado de confirmar, ¿por qué la ATP y WTA no? Es cierto que tentativamente el fin de la pandemia podría llegar a mediados y fines de año, más la seguridad de la organización del calendario restante, combinado de los actos del Roland Garros de acomodarse a su conveniencia en un calendario saturado han puesto al presidente Andrea Gaudenzi en la idea de que inclusive no solo los torneos podrían jugarse a puertas cerradas (como lo planteo David Ferrer en su momento) sino sobre que el fin de temporada es algo inevitable y que solo septiembre, mes de alto concentrado, podría marcarle la pauta de la viabilidad de un fin de temporada atípica y  sofocante, pero jugable, o bien, atareada e irreal y, por ende, concluida.


Editor Colaborador

Lic.Luis Enrique Rejas Sangüesa