Revista Sporting

SOBREVIVIENDO CON ESTRÉS: LO QUE GENERAMOS CON NUESTROS PENSAMIENTOS

M en C. Isaac Zavala Teyssier

Nutrición y Genética Humana

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E-mail: nutricioncardiometabolicasxm@gmail.com

El estrés es un estado de tensión mental y emocional que aparece cuando creemos que perdemos el control de alguna situación, o bien cuando nos sentimos agredidos o en peligro. Por un momento, perdemos el control y creamos un desequilibrio en nuestro cerebro que nuestro organismo tratará de remediar de forma inmediata. Ante una amenaza percibida por nuestros sentidos, se precisa una gran cantidad de energía con la liberación de las hormonas del estrés (cortisol, noradrenalina y adrenalina); nos ponen en un estado de sobrevivencia y alerta, donde nuestro organismo se prepara para la huida. Las pupilas se dilatan, se incrementan las frecuencias cardiaca y respiratoria, la sangre se traslada a las extremidades preparando al cuerpo para huir. De forma habitual, en cuanto nos sentimos a salvo tardamos entre 20 y 30 minutos en regresar a un estado de normalidad y equilibrio, libre de los efectos del estrés. Cuando sentimos que el peligro no se ha ido, nuestra respuesta al estrés se extiende y se adapta. Imaginemos que tenemos una pesadilla: despertamos a media noche con el corazón latiendo fuerte y rápido, la respiración alterada, pupilas dilatadas, manos y pies temblorosos. El cuerpo reaccionó para la huida ante un evento irreal, es decir, el sueño no es la verdad, sin embargo, nuestro cuerpo creó una respuesta de sobrevivencia. Con este ejemplo, podemos demostrar que un pensamiento es capaz de alterar toda la química de nuestro cuerpo, aunque la sensación no sea real.

Con sentimientos de naturaleza opuesta, el cerebro activa combinaciones de patrones específicos que producen una reacción determinada y envía señales al cuerpo que empezará a sentir lo que sea que hayamos pensado: si pensamos en algo maravilloso o alegre, producirá una emoción acorde a ello. Los pensamientos negativos producen tristeza, miedo o inseguridad. Una misma emoción experimentada por un largo periodo de tiempo, se llega a convertir en un hábito, lo que creará una química en nuestro cuerpo a la que nos haremos adictos y, cuando somos adictos a esa emoción, buscamos condiciones en la vida que nos permitan recrearla experimentando así la misma emoción una y otra vez. Situaciones complicadas en nuestro entorno (un mal trabajo, una pésima relación), las mantendremos para retroalimentar la adicción: el estrés genera emociones que buscamos con la finalidad de obtener una satisfacción a esa dependencia.

La manera de romper esto es cambiar el origen del problema: nuestras ideas. Hay estudios que dicen que el 90% de los pensamientos de este día son exactamente los mismos que los que tuvimos el día anterior. Éstos generan elecciones, que a su vez crean comportamientos. Los comportamientos crean experiencias, las experiencias, emociones y las emociones, pensamientos. Si tenemos los mismos de ayer, generamos las mismas elecciones, comportamientos, experiencias y emociones que ayer. Al concientizar que estamos repitiendo un comportamiento de sobrevivencia, podemos modificar la química que estamos generando. Realizar de 20 a 30 minutos diarios de respiraciones profundas, concentrando nuestra mente en nada más que la respiración, es suficiente para bajar las ondas cerebrales y cambiar los patrones de pensamientos. Empezaremos a conocernos a nosotros mismos y tendremos las herramientas para transformar nuestra vida. Al momento que logremos una intención clara y una emoción elevada, podremos cambiar nuestro estado del ser y pasar de la sobrevivencia a la creación, un lugar donde no tendremos límites.