Revista Sporting

ULTRAMARATÓN: Un deporte de vida

Joyce Distante

Ultamaratonista 

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E-mail:  joycelissete@gmail.com

La primera vez que escuché la palabra Ultramaratón, la tuve que leer dos veces: tenía la fortuna de haber experimentado unas cuantas veces el maratón. Una carrera de 42.195 km que marca la vida, los pies y la piel de muchas personas en este mundo, pero ¿ultra?

Mi hermano me mostró un video de un grupo de personas que se preparaban en la línea de salida, pero algo nos atrapó totalmente: no eran las tradicionales en calle, tenía un fondo desértico y aire de guerra; los participantes portaban mochilas, lámparas frontales, bastones, y polainas areneras. Se trataba del Maratón Des Sables, una competencia que se realiza en el desierto del Sahara y que consiste en correr por 7 días la suma de 250 kms. ¿Eso era posible?

Los ultramaratones se desarrollan en diferentes terrenos y modalidades. Hay de autosuficiencia (en lo que debes de llevar lo vital para tu supervivencia, cómo alimentos para un desgaste energético de 2000 kcal por día, bolsa de dormir, kit contra mordedura de serpiente, etc.) hasta aquellos que son organizados con abastos en dónde encuentras comida y vas de equipo ligero para hacer una carrera explosiva y divertida, con apenas lo necesario para llegar al siguiente abasto y, por qué no, encontrarte con alguna rebanada de pizza y cerveza.

Las distancias van de los 50, 100, 250 km. y más. Una vez que el ser humano brincó la barrera de los 42 kilómetros, nada es imposible. Prueba de ello es que se realizan por todo el mundo, y México es un escenario atractivo para los más aventureros y arriesgados.

Después de unos meses de descubrir esta modalidad, en 2013 encontramos una competencia en Oaxaca de 16, 40 y 80 km. de carrera en la montaña. Mi hermano y yo viajamos para tener una probadita de lo que era aquello que tanto resonaba en nuestra cabeza: yo no estaba preparada para esas distancias, así es que esos 16 km. pusieron a prueba mi condición y perseverancia, pero ese día y en ese lugar, se abrió un mundo completamente nuevo para mí.

Al terminar fui a la línea de meta: pasaban minutos y no veíamos llegar a nadie; conforme avanzaban las horas se volvían más escasos. Llegaron todos los corredores de 16 km. y más tarde concluyeron los de 40 km., pero los que faltaban eran los de 80 km. Con el anochecer llegaron unos cuantos corredores, los primeros de la modalidad más retadora. De pronto, se escuchó a lo lejos: “¡ahí viene la primera mujer!” Nos acercamos al camino de tierra húmeda, quería ver cómo es que una mujer estaba terminando aquello que había comenzado a las 5 am. 

Pasó frente a mí, con su lampara frontal encendida -por lo que no pude ver bien el rostro- pero vi como apretaba los puños mientras subía la última cuesta: su ritmo justo antes de llegar a la meta era a causa de la adrenalina de terminar y su voz llena de emoción al decir “gracias” a quienes estábamos dando el ánimo previo a la meta. 

Al final, fui a buscarla y le dije que quería correr un ultramaratón. Con aquella sencillez me dio su contacto y su nombre: Claudia Sales. Una mujer pionera en la ultradistancia en México me iba a preparar para mi primer ultramaratón de 50kms. Ahí descubrí que ese deporte va más allá de ritmos, velocidades y series: se trata de comprender y alimentar el cuerpo, entrenar la mente y fortalecer el espíritu. El ultramaratón es la oportunidad de ser un turista rural, un explorador de nuevos caminos y un guerrero ante las tempestades del clima. Es un deporte lleno de vida que despierta los sentidos.